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Rapsodia para un Gigante

 
A Enrique Volpe (Vercelli 1939 - Santiago 2002)
 
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Crítica a este poema realizada por Eduardo Baquedano Acuña en Julio de 2002
 
La Elegía Rapsódica de Elssaca
 

A propósito de este poema de Theodoro Elssaca, como homenaje póstumo a Enrique Volpe, con idéntico propósito agregaré estas líneas. Conocí a Enrique Volpe, ese gigante de Goya, como dice Elssaca, en rueda de amigos escritores, con Antonio de Undurraga y Eusebio Albis. La primera imagen que tengo de él, es la de un hombre grande y vigoroso, con expresión reflexiva, ingenua y lejana, a medias sonriente.

Un día en 1987, me mostró sus poemas: "Tierra Padana" y "Salmo de Viernes Santo", publicados en castellano e italiano en una separata de la revista "Efímeros", de la Biblioteca del Congreso Nacional. Las impresiones que me dejaron estas lecturas, quedaron publicadas en el Nº 1 de la revista cultural "Prometeo", en 1989. Años más tarde, me dedicó su obra capital: "Crónica del Adelantado", de la cual hice un ensayo, que también está publicado, en el Nº 2, de la misma revista.

Hago este pequeño recuento sólo para destacar la importancia de este genial poeta y novelista chileno de origen italiano, que desde muy joven recibió el reconocimiento de escritores tan señeros como el recordado Dn. Hermelo Aravena Williams, que lo introdujo como protagonista en una de sus primeras novelas.

Pero ahora sólo quiero destacar el Homenaje Rapsódico del poeta y artista visual Theodoro Elssaca, a nuestro común amigo Enrique Volpe. Los que tuvimos el privilegio de conocerlo y leer su obra, no podemos menos que celebrar este poema elegíaco y apologético, nacido de las profundidades de la emoción, de las honduras del sentimiento y de la densidad del recuerdo.

Dicen los sabios que la poesía se genera en propuestas que parecen absurdas, afirmaciones en que las causas están tan separadas de los efectos que pareciera que el tiempo no existe. Sin embargo, estas causas y efectos, separadas por el tiempo, están conectadas desde siempre. Esta lógica puede parecer ajena a la razón, en realidad es el camino para la percepción visionaria del mundo. Por eso este poema de Theodoro Elssaca, en homenaje a Enrique Volpe, va más allá de lo laudatorio, invadiendo esferas y abriendo espacios hacia lo imposible.


Eduardo Baquedano Acuña
Julio de 2002

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Crítica a este poema realizada por el escritor cubano Aramís Quintero en Julio de 2002
 
Sobre la Rapsodia EIssaquiana
 

Rapsodia para un Gigante, de Theodoro Elssaca, dedicada a Enrique Volpe, es desde su título un homenaje todo lo explícito y todo lo admirativo que es dable realizar. Pero en el dilatado mar de los homenajes, de los cantos en grado extremo laudatorios, no siempre podemos encontrar lo que sería la primera exigencia de un retrato -ya que todo homenaje apunta de algún modo al retrato-, y que es, sencillamente, el parecido. Es decir un trasunto de la fisonomía del elogiado: espíritu, carácter, resonancia, a veces hasta el físico mismo. Y en esta rapsodia de Elssaca, Enrique Volpe no es la estatua en que se encuentran resumidos todos los héroes y ninguno. El espíritu de Enrique Volpe, por sí solo estatuario, está en el poema. Esa es su primera virtud.

Pero hay una segunda virtud, más exclusiva, que no era obligado esperar: el movimiento del poema desde una visión cósmica repleta de ecos familiares (mito, literatura, teatro, música, a más de la referencia pictórica), todos en tono mayor, hacia un notable adentramiento lírico, un adelgazamiento en la emoción, una especie de trance melancólico y personal. Es un camino que nos lleva de la gran estatua que cae y estremece los montes, hasta el eco final de esa caída en el absorto admirador. Al final, el protagonista de la rapsodia no es ya el coloso, sino el poeta abismado. Y no el poeta mismo sino su trance, su mirada perdida. La imagen cósmica se ha resumido en un leve reflejo, al crepúsculo, y ya no hay otra estatua que la del poeta aniquilado en su visión. El sonoro poema se ha hecho íntimo, silencioso, conmovido. De la estatua granítico, hemos llegado a esta "de sal y cenizas", materiales precarios si los hay.


Aramís Quintero
Julio de 2002