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FUEGO CONTRA HIELO
 
 
 
 
 
Contratapa
 

Estos cuentos hacían falta. Tienen el perfume instantáneo del relato árabe, la fusión inquietante entre la sofisticación del mundo cultural y la naturaleza impenetrable llena de llamados místicos. Elssaca tiene la libertad narrativa propia del artista visual: detecta la imagen bella y la amplía en logradas síntesis sin ripios. El albatros con una argolla oxidada de Estambul reaparece años después en la bahía de Valparaíso. Arte y naturaleza se funden en un virtuoso, breve latigazo. Así los paisajes del remoto sur de Chile son pinturas de Constable, la misteriosa tejedora de sueños emerge de Botticelli, las ansiedades de los antropólogos tras las huellas del pasado perdido se actualizan en una realidad terrible y evocan el magnífico cuento “La noche boca arriba” de Cortázar. Un hábil guiño a Pierre Loti, estos relatos de corta extensión pero de larga huella.

Antonio Skámeta

 
 
Prólogo
 

CUENTOS DE VIAJERO Y DE VIAJE


Theodoro Elssaca es creador de relatos de prosa tersa, metáforas potentes, evocaciones poderosas.
Autor multifacético. Los cuentos de Theodoro son cuentos de poeta.
Theodoro, se lo escribí una vez, es un autor telúrico y, a menudo, doliente. Dolor del mundo en su génesis, en su desarrollo implacable, en su desesperado intento por no desnacer. Los cuentos de Theodoro contienen lejanía de orígenes y cercanía de bosque, de volcán, de naturaleza indómita resistente a ciudades. Cuentos de viajero y de viaje. El viaje como metáfora de la vida, la vida como sucesión (¿continuidad acaso?) de viajes. Relatos de leyendas y de raíces (precolombinas a menudo, femeninas con gran frecuencia) donde la vida discurre en varios planos. Exploración de cumbres y tiempos. Navegación de trazo fuerte y brazada grande. Lo abisal hecho carne y habitando en nosotros.
Los cuentos de Theodoro Elssaca contienen homenajes explícitos (a Tchaikovski, a Pierre Loti, a Gabriela Mistral, al Winnipeg) e implícitos (a Poe, a Borges, a Octavio Paz, a Eduardo Galeano). Los hay idealistas, realistas y (más o menos) costumbristas; y, también, neofantásticos, metaliterarios y elípticos. En ellos restallan luces y sombras, vuelan cóndores y volcanes.
En Chiloé una joven talla sus sueños. De promesas ancestrales nos da cuenta un brujo pájaro que probablemente se prefiere pájaro brujo. El bosque primigenio nos devuelve a épocas que jamás nos dejaron. De machi vieja a machi nueva fluye mucho más que una sucesión de ritos. Embrujo de siglos es contemplar el amanecer polinesio en Tahai y besar la piedra en Vinapú. Se huye en carromato a los secretos de La Habana. Más que navíos de Valparaíso parten, sobre todo, anhelos. Y no se debe bajar a sótanos y cuevas si no se está dispuesto, de verdad, a extraviarse. Si tuviera que resumir los cuentos de Theodoro Elssaca en una sola frase sería, precisamente, esa: nada memorable hallará quien no se deje arrastrar, quien tema perderse.
Cortázar escribió que el cuento era un género de difícil definición, huidizo, secreto y replegado en sí mismo, “caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía”. Por su parte, Mary Flannery O´Connor postulaba que “un buen cuento no puede ser reducido solo puede ser expandido”. Personaje y lenguaje, mensaje y síntesis. No reconoce el poeta límites a los géneros. Por eso los cuentos de Theodoro Elssaca semejan literatura en origen: poesía y prosa, lírica y épica, filosofía y drama. A veces, más para contados (y cantados) que para leídos. En su impagable colección de ensayos El Zen y el arte de escribir, Ray Bradbury indicó: “el primer deber de un escritor es la efusión: ser una criatura de fiebres y arrebatos”. Estos cuentos son como su autor: febriles y arrebatados. En su repleta brevedad reside una de sus mayores fortalezas.
Naturalmente, tengo mis preferencias: En medio de la nada, donde la naturaleza es todo; Habitante de la niebla, onírico y realista; Por una coma, de irónica y kafkiana eficacia; Salón en penumbras iluminado, porque me recuerda a otro que una vez escribí. Poco importa. Cada lector ha de hacer su personal camino por estas páginas que no se explican: relatan. Propongo, eso sí, una lectura reflexiva, demorada, a poder ser gozosa. Como el mundo del protagonista de Ansiado rubí, o los viejos textos de alquimia tan presentes en sus páginas, este libro será “lo que cada uno consiga hacer de él”.

Alberto Infante
Madrid, 12 de marzo de 2014

 
 
Presentación Lanzamiento en Madrid
 
Por Pío Serrano
 

Círculo de Bellas Artes de Madrid
Librería Antonio Machado

(Madrid, mayo 27, 2014)

 

Advierto al lector que para acercarse a los treinta relatos que componen el último libro, Fuego contra hielo, del escritor chileno Theodoro Elssaca, habremos de hacerlo a través del ojo, de la mirada del poeta. Poco importa que los temas que provocan al autor se acojan a un realismo fotográfico, a un arrebatado lirismo, al equívoco formato de una engañosa crónica, a la evocación de un sueño, a la inquietante observación kafkiana o a un caricioso acercamiento costumbrista.

Lo cierto es que la escritura de estos relatos, aun en su brevedad, expande siempre la recepción del lector. Y esto es posible gracias, insisto, al acercamiento poético de los mismos. Conviene precisar lo que entiendo como significado poético al atribuirlo a este puñado de fabulaciones que vienen a enriquecer ante nuestros ojos la incompletez de la realidad existente. Precisamente en esa capacidad de inventar, fabular, imaginarle a una realidad cualquiera la parte, el matiz, la inusitada observación que escapa a la mirada distraída, en esa mirada rescatadora, amplificadora, reside el acto fundacional del poeta. Y esto lo cumple nuestro autor a las mil maravillas, y escribo maravillas con toda intención.

Así, los relatos de Theodoro Elssaca nos depositan la certeza de que toda realidad se nos entrega siempre desde una limitada -a veces banal- perspectiva, y que a la mirada del poeta corresponde sorprenderle lo que oculta, desvelar sus más secretos intersticios.

Llámense Poe o Kafka, Dino Buzzati o Cortázar, como en Theodoro Elssaca de lo que se trata, fundamentalmente, es el acto de la revelación. Revelación que se cumple en el lenguaje que sabe alternar la palabra que nombra con aquella que ilumina. Como cuando nos dice que en el vidrio de la ventana “el vaho enmudecía las imágenes del amanecer”: el lenguaje traslaticio al servicio de la iluminación poética.

Discurren así estos relatos en su capacidad de hacernos inmediatos remotos escenarios, de convertir en fantásticas las menudencias cotidianas, de familiarizarnos con lo exótico y de extrañarnos con lo inmediato. Sus protagonistas, a veces el propio autor, comienzan sus relatos en un tiempo y un territorio a todos comprensibles, asumibles, para, de pronto, quebrar espacio y tiempo y realojarnos en una nueva dimensión que sorprende e inquieta. Sean estos el desplazamiento de un albatros entrevisto en un café de Estambul y misteriosamente reaparecido en la bahía de Valparaíso, o la joven que en soledad imperturbable talla sus sueños en madera en el confín del mundo, o el escritor sometido a los rituales chamánicos en el Zócalo de México, o la pianista que interpreta la suite sinfónica basada en los cuentos de Las mil y una noches, o el pintor obsesionado por “El Jardín de las Delicias” de El Bosco y que finalmente queda atrapado en su interior de arrebatado delirio.

Cumple cabalmente Theodoro Elssaca con esa propuesta que nos adelanta al comienzo del libro: crear una pasión sin pausa que es fuego –lumbre que ilumina y rebela- contra el hielo, condenado a ser despojado de su naturaleza inerte. Espléndida metáfora que resume el propósito de su escritura. Cosa que agradecemos.

Pío E. Serrano
Editorial Verbum,
Madrid, 2014.

 
 
Reseña
 
Por Jorge Kattán Ready
 

"Campeas como un gran señor por las amplias avenidas de la lengua castellana, lo cual queda de manifiesto en el tejido poético de tus relatos, tu gran cultura humanística y los temas que has desarrollado".
Jorge Kattán Ready

 
 
Dedicatoria
 
Por Theodoro Elssaca
 

Para mis lectores que me impulsan a seguir creando
quiero dar a las palabras forma y sentido de eternidad,
pasión sin pausa que es fuego contra el hielo en el misterio
de los viajes y encuentros, sueños y diálogos, amistad e impresiones
que cada día pasan velozmente y que no volverán.
T.E
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Reseña del Libro
 
Por Jorge Guzmán
 

Este libro viene adornado con el premio rumano Mihai Eminescu, en cuya ceremonia de entrega se recordó lo escrito por el poeta español Ángel Guinda, que en un ensayo sobre la poesía de Elssaca, dijo de él: “…estamos ante una de las voces vivas hispanoamericanas más densas y relevantes de entresiglos XX-XXI”. No es mala puerta para entrar en la lectura de este libro de narraciones.
Elssaca es conocido como intelectual múltiple, con estudios universitarios en literatura, diseño, fotografía, cine, y estética e historia del arte en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Pero no es lo único que puede decirse de la trayectoria personal suya. Es poeta, ensayista, artista visual, fotógrafo expedicionario (un viaje por el Amazonas, que casi le costó la vida) y viajero internacional.
De todo esto hay huellas en los textos. De sus saberes en literatura tenemos muestras en varias; aparece como personaje fantasmagórico Gustavo Adolfo Bécquer, también están evocados Gabriela Mistral, Poe, Borges, Octavio Paz, Galeano. De sus incursiones en la música queda la admiración textual por Tchaikovski, Debussi, Rimsky-Kórsakov, Chopin; todos incorporados en la trama de los cuentos donde aparecen y no como simples menciones. La fotografía y el cine, que no parecen tener lugar entre las palabras de los relatos, también se asoman en la vividez de las imágenes de diversos objetos y paisajes: la figura de un albatros que articula una narración sobre los misterios del azar; la del escritor y marino, Pierre Loti, que fuma una pipa quimérica de mares rizados en la bahía de Valparaíso, saltándose un siglo para regalarle al lector su imagen fragante a tabaco; surgen también imágenes muy vívidas de puertos (Baracoa, Siracusa, Marparaíso por la noche, un atardecer en el Bósforo); de los saberes plásticos del autor deben venir los detalles de color en sus descripciones, con mucha más abundancia de lo que solemos leer en otros narradores. Estas imágenes coloridas caracterizan a mi entender el fondo ambiental de los cuentos y los realzan sin interferir en el relato, lo que es aquí bienvenido por el lector actual, el mismo que suele rechazar la descripción de espacios. Es una colorida originalidad de los textos de Elssaca, que le otorga su sello y los vuelve más interesantes.
Otra riqueza de los cuentos viene del conocimiento personal que el autor tiene de la geografía del mundo. Su narrador pone ante la imaginación del que lee una variedad de lugares casi mareadora. En no muchas páginas es llevado por casi toda la tierra en enormes saltos fáciles y atrayentes. El hablante se mueve con toda naturalidad entre Santiago de Chile, Palestina, Estambul, Buenos Aires, Chiloé, San Pedro de Atacama, Isla de Pascua, Madrid, La Habana, Ciudad de México y mucho más.
Pero me parece que lo más destacado en los relatos es una suerte de elasticidad del tiempo, que enlaza historias diferentes y fechas remotas en un solo espacio textual. Es lo que principalmente me sedujo en las narraciones. Sabemos que los juegos con el tiempo no son desconocidos entre los recursos narrativos; muchos los han usado. Pero no es frecuente que le den esta atmósfera de fantasmagoría a un conjunto de relatos completo. Ocasionan una suerte de agradable dislocación temporal, una transformación de la realidad cotidiana por magia. Ejemplos; casi al principio del libro, se encuentra la historia del albatros que mira al narrador en un lugar frente al Bósforo donde toma notas de una conversación con Thor Heyerdahl acerca de Pierre Loti. Años después, alojado en el pasaje Pierre Loti en Valparíso, vuelve el mismo pájaro, de quien le cuentan que su imagen se encuentra ya en una fotografía de 1889, posado en el mismo pasaje. Y en el mismo lugar, un marino obviamente de otro tiempo, fumando su pipa dice que se llama Pierre. En otro cuento, el tiempo de ahora se atrasa en el ruido de un avión que anuncia a los nadadores primitivos de Rapa Nui la llegada de la cultura occidental y sus amenazas, pero en una vuelta más de tuerca temporal, ciertamente que solo el lector de ahora puede entender ese significado del trueno del avión; es decir, está el tiempo previo a la invasión occidental, el tiempo del avión y el tiempo del lector, coexistiendo sin dificultad, pero implicando la historia que iba extender por el mundo el avance de la técnica. En otro de los cuentos, el canto de marineros nostálgicos del buque escuela belga-francés L’Orientale, que naufragó muchos años antes, suena actualmente en los oídos del bisnieto de un tripulante salvado, y suena en un paseo junto al mar de Valparaíso. Estos juegos con el tiempo, me parecen ser el elemento que permanece más estable en el recuerdo del lector.
Emparentado con lo anterior, creo que otro de los componentes notorios del libro es la mezcla de realidad y ficción. Hay, por ejemplo, un escritor que está tratando de producir una pieza narrativa para leerla ante un público madrileño; trabaja en la noche anterior a la lectura, pero lo interrumpen los propios personajes de su relato, a quienes consigue controlar, pero a la mañana, junto con haberse ido todos, se ha borrado de su computador todo el trabajo de la noche. Un personaje femenino en otro, triste por el rechazo de sus versos en las editoriales, se encuentra con Gustavo Adolfo Bécquer que lee ante su público y le dice que ha llegado a casa. Hay más casos de lo mismo. La reunión de estas características en el libro, le da al conjunto una atmósfera de refrescante contravención de las expectativas con que habitualmente abordamos la lectura.
Terminemos esta presentación agregando que a todo lo anterior se suma la presencia en los cuentos de muchos de los temas que actualmente solicitan la atención de todos. Está, como decíamos, la música. Pero está también el esoterismo, interesante hoy día para tantos buscadores de algún sentido para la vida. Nos asomamos a las masacres que ya ensombrecen este siglo nuestro que sucede al XX, que algunos todavía consideran el más sangriento de la historia. Están las leyendas de los pueblos originales nuestros. También la amenaza angustiosa que pone en peligro los bellos lugares prístinos y limpios que aún quedan en el planeta, siempre en riesgo de ser arrasados o envilecidos por el “progreso”. Hay también situaciones estremecedoras como la actual de Palestina. Y muchos otros temas, que forman parte de nuestra insegura, asustante, pero hermosa realidad.
En suma, un libro que vale leer por su forma y el misterio de sus cuentos.

Jorge Guzmán
Invierno de 2014
Santiago de Chile